viernes, 4 de diciembre de 2009

Isabel de España

Desde hace unos días nos estamos enterando por los medios de los desafortunados devenires de la afamada cantante de coplas conocida como Isabel Pantoja. No es que le quiera desear ningún mal a la artista, ni escarbar más en la llaga que está sufriendo (Dios me libre), pero ello me ha dado en qué pensar ...

Cuando hace unos lustros estudiaba literatura en la universidad era esencial centrarse en las estructuras argumentales, sobre todo en los clásicos. Así, conocíamos que el héroe griego se hacía a sí mismo a través del viaje iniciático pues estaba predestinado; que el amor cortés reflejado en una rosa en la Edad Media no era más que la excusa del poeta pues lo importante eran el deseo y la imposibilidad de alcanzarla; más tarde, el Renacimiento nos ofreció una relación de amantes consumada por un beso con final trágico; el Romanticismo no es lo que petardas y ñoñas de medio pelo sueñan: es el arrebato, la pasión en estado puro, no carnal, sino humano, visceral, por un ideal --fuese cual fuese-- que tan bien se refleja en El caminante sobre el mar de nubes de
Caspar David Friedrich ... Todo lo que ha llegado luego son nuevos esquemas basados en lo anterior.

Es curioso, pero María Isabel Pantoja Martín ha logrado cotas épicas que, si hubiera nacido hace 500 años (ahora estaría muerta, indudablemente ... ) sería un clásico, muchas siguen anhelando puesto que es la quintaesencia de la heroina española de pro y ha cumplido a la perfección el esquema: enlace matrimonial de la tonadillera (con madre) y el afamado torero del momento, así como el trágico final de éste. O lo que es lo mismo ... ¡La bravura y el tronío españoles!

Y mira que en este país ha gustado tanto lo de juntar a copleras con los toreros. Como ejemplo, ahí estaba doña Juana Reina cantando Frencisco Alegre de Quintero, León y Quiroga. Y hoy en día aún sigue funcionando, aunque se ha expandido a otras ocupaciones como pueden ser los futbolistas (que dicho sea de paso, se muestran más ... digamos ... laxos en gustos).

Todavía tenemos en la retina las imágenes a través de las cuales María Isabel y Francisco confirmaron su enlace donde la chulería y suficiencia de la buena señora como dando a entender "aquí estoy yo, con este pedazo de macho que, hala, fastidiaros, es mío y sólo mío". Sin duda, el execrable fallecimiento del matador de toros no hizo más que poner la guinda en toda la historia y María Isabel pasó de ser Isabel de España a la Viuda de España. Y eso ya fue el acabóse.

Lo que viene después fue la ruptura de este esquema literario que, de haber seguido, se hubiera convertido en leyenda. Y la gente nos gustan las leyendas, las historias de final trágico, el olvidarse del mundo ... ¡Cómo me hubiera gustado que la buena señora le hubiera dado por encerrarse en su finca por los restos! Ahora aquélla sería como el Palmar de Troya, pero claro teniendo el hijo que tiene quién la puede culpar.

Un saludo.

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